MANIFIESTO sobre la Prostitución

Caso 20-2016: United Nations (UN) & Secretario General Ban Ki-moon & Secretario General Antonio Guterres

 

MANIFIESTO sobre la Prostitución

El Tribunal Budista de Derechos Humanos, defensor de los derechos de la ciudadanía global y de todos los seres de la Madre Tierra, ejerciendo la soberanía cultural que emana de los Pueblos Budistas y Comunidades Espirituales, conoce acerca de la situación de explotación que están padeciendo millones de mujeres de todo el mundo por medio de la prostitución;

El Tribunal Budista de Derechos Humanos tiene una vocación ética universal, por lo que se dirige a toda la comunidad internacional para que tome consciencia de los crímenes contra la mujer que se están perpetrando por medio de la prostitución y las redes de trata o tráfico sexual;

El Tribunal Budista de Derechos Humanos se dirige a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde la perspectiva de la Ética y el Derecho Internacional para analizar la situación jurídica que implica la legalización de la prostitución;

Se manifiesta que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) está violando uno de los principales preceptos del Derecho Budista, pues por medio del apoyo a la legalización de la prostitución se viola el precepto de desarrollar una sexualidad adecuada, la cual debe ser practicada de forma sana y respetuosa, siempre basándose en la experiencia del amor y el reconocimiento de la dignidad del prójimo.

Se manifiesta que al interpretar la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 la prostitución quedaría prohibida por los artículos 4 y 5, donde se prohíbe explícitamente someter a las personas a la esclavitud, servidumbre, trata de personas, torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Se manifiesta que la prostitución no es más que una forma de esclavitud, siendo además funcional al tráfico de personas, al crimen organizado y a la corrupción, ya que se cooptarían niñas y mujeres de bajos recursos y otros grupos vulnerables como los inmigrantes para explotarlas a lo largo de toda la vida bajo condiciones que nunca podrían asemejarse a un trabajo digno.

Se manifiesta que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) debería combatir la prostitución y la trata de personas, muchas veces asociadas con la venta de mujeres y niñas pobres para prácticas sexuales esclavizadoras, debiéndose cumplir con la visión de numerosos convenios y protocolos internacionales aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas, por lo que la ONU debería respetar el Convenio de 1949 para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena que afirma que la prostitución y la trata violan la dignidad y el valor del ser humano, y ponen en peligro el bienestar individual, familiar y comunitario, por lo que se debe castigar a todo aquel que permita o explote la prostitución aún con el consentimiento de la persona.

Se manifiesta que la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, en su artículo 6, tiene como objetivo luchar contra la trata de mujeres y la explotación de la prostitución femenina.

Se manifiesta que en la Declaración de la ONU sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de 1993 se establece que la violencia contra la mujer abarca la violencia física, sexual y psicológica, el abuso sexual, la trata de mujeres y la prostitución forzada.

Se manifiesta que el Protocolo de Palermo del 2000 busca prevenir y sancionar la trata de mujeres y niños, complementando a la Convención de la ONU contra la delincuencia organizada transnacional.

Se manifiesta que la legalización de la prostitución sería una forma de apoyo a la pedofilia y abuso sexual de menores, pues en la prostitución los hombres adultos suelen usar a niñas prostitutas, y además las mujeres prostitutas adultas suelen admitir como clientes a niños masculinos, constituyendo ambos casos crímenes contra la niñez que suelen quedar totalmente impunes.

Se manifiesta que en Estados Unidos de América existe una plaga de asesinatos de mujeres prostitutas que ha quedado en total impunidad, pues las mismas son consideradas como una paria social y esto hace que no sean protegidas adecuadamente por las fuerzas de seguridad.

Se manifiesta que la legalización de la prostitución es inconstitucional y traiciona tratados de derechos humanos, pues reduce la dignidad intrínseca del ser humano a un objeto, mercancía o instrumento de consumo, tanto en el caso de mujeres y niñas como en el caso de hombres y transexuales que también pertenecen a redes de prostitución.

Se manifiesta que los medios de comunicación masiva transmiten una imagen desfavorable de la mujer al presentarla como un objeto o mercancía, despreciando así la dignidad y libertad del ser humano.

Se manifiesta que la activista camboyana Somaly Mam de la organización Afesip, quien ha recibido premios internacionales por rescatar a decenas de mujeres obligadas a prostituirse, tiene absoluta razón en afirmar que legalizar la prostitución va en contra de la dignidad y significa legalizar la violencia contra las mujeres, pues no podría desvincularse el tráfico de mujeres con respecto a la legalización de la prostitución en tanto que el tráfico es consecuencia de la oferta y demanda desarrollada por el negocio de la prostitución.

Se manifiesta estar de acuerdo con Janice G. Raymond, directora de Coalition Against Trafficking in Women (CATW), quien en marzo de 2003 manifestó que la legalización de la prostitución como un trabajo no implica empoderar a las mujeres sino que más bien fortalece a la industria sexual, por lo que a partir de datos de Holanda y Australia argumentó múltiples razones contra la legalización de la prostitución, como que sería un regalo para los proxenetas y traficantes al convertirlos en empresarios, promovería el tráfico sexual de mujeres extranjeras pobres, expandiría y no controlaría la industria del sexo, aumentaría la prostitución ilegal al no proteger el anonimato, promovería la prostitución infantil, no protegería a las mujeres prostitutas de la violencia, aumentaría la demanda de la prostitución al incentivar a los hombres a comprar mujeres como productos de consumo sexual en ambientes de permisibilidad y aceptación, no promovería mejoras de salud de las mujeres por estar expuestas a enfermedades de transmisión venérea, no aumentaría las posibilidades de elección de las mujeres, e iría en contra de la voluntad de millones de mujeres que no quieren que se legalice la industria del sexo.

Se manifiesta que en el 2001 de forma escandalosa el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó el reconocimiento de la prostitución como una actividad económica independiente, lo cual es un posicionamiento similar al ministerio de justicia de Holanda y su consideración de que la prohibición de la prostitución entraría en conflicto con el derecho a la libre elección de trabajo, a pesar de que obviamente la opresión y mercantilización de la mujer junto con la esclavitud no constituyen formas de trabajo digno.

Se manifiesta que en 1998 la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que es parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sugirió a la comunidad internacional que se legalice la prostitución como un sector económico legítimo con el fin de recaudar impuestos para las arcas del Estado, a pesar de que la misma OIT reconoce que la prostitución es una forma alienada de trabajo donde las mujeres trabajan sufriendo, con remordimiento y de forma forzada, motivo por el que el sociólogo Julio Godio –especialista en asuntos laborales y exmiembro de la OIT– afirmó que es una aberración que esta institución dependiente de la ONU proponga legalizar la prostitución como trabajo, pues se estaría legalizando la opresión a pesar de que la OIT tiene convenios contra la esclavitud y el trabajo forzoso (Convenio n°29), en lugar de promoverse que las prostitutas se liberen de sus explotadores.

Se manifiesta que es una vergüenza histórica que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por medio de su informe de 2012 titulado “Sex Work and the Law in Asia and the Pacific”, recomiende la legalización de la prostitución en los países del Asia-Pacífico bajo el argumento de que esto traería grandes cantidades de beneficios sociales, legales y sanitarias para las prostitutas.

Se manifiesta que la legalización de la prostitución no hace más que expandir el mercado sexual de mujeres e incrementar el tráfico de personas, tal y como lo han descrito Seo-Young Choa Axel Dreher y Eric Neumayer en 2012 en su obra “Does Legalized Prostitution Increase Human Trafficking?”.

Se manifiesta que Rachel Lloyd, directora de Girls Educational and Mentoring Services, se encuentra en lo correcto al expresar que la solución a la prostitución no radica en la criminalización de las víctimas ni tampoco en la legalización como trabajo sexual, sino que se encuentra en la persecución penal de los traficantes y clientes de la prostitución, penalizando la demanda pero no su oferta, tal y como sucede en el modelo nórdico, además de hacer frente a problemas sociales estructurales como la pobreza y la ignorancia para evitar la coerción económica que sufren las prostitutas, todo lo cual produce un significativo descenso del mal social de la prostitución.

Se manifiesta que la forma de reducir la prostitución no es por medio de su legalización sino por medio de la reducción de la demanda, creando una estrategia integral contra el tráfico, la trata de personas y la utilización de la mujer como mercancía, pues la mejor manera de luchar contra la prostitución y la explotación sexual es el modelo nórdico de Suecia, Islandia y Noruega, donde es un delito la compra de servicios sexuales al mismo tiempo que no se criminaliza a las víctimas personas que ejercen este recurso, persiguiendo a los clientes en lugar de a las prostitutas.

Se manifiesta que a finales del siglo XX el gobierno sueco prohibió y penalizó la compra sexual de la mujer, afirmando que la prostitución es un fenómeno social indeseable y un obstáculo para el desarrollo de la igualdad de género entre hombres y mujeres.

Se manifiesta que la prostitución constituye un acto de desigualdad y violencia de género que afecta a más de 40 millones de personas en el mundo, siendo una de las violaciones a los derechos humanos fundamentales más atroces que existe.

Se manifiesta que los defensores de la legalización de la prostitución suelen utilizar la misma retórica que los defensores de la legalización del aborto y la legalización de las drogas, afirmando de forma utilitarista que la mujer tiene derecho a hacer lo que desee con su cuerpo.

Se manifiesta que en junio de 2017 la ONU y la OMS han llamado a la comunidad internacional a despenalizar el consumo de drogas y la prostitución, no sólo asegurando que esto mejoraría la salud pública, sino que también incluso mintiendo al decir que las leyes punitivas tienen resultados negativos.

Se manifiesta que el Secretario General Guterres de la ONU tiene razón en confirmar que la prostitución y la esclavitud sexual prosperan donde las leyes son débiles o inexistentes, pues se alimenta la impunidad y la injusticia frente a estos crímenes que serían mucho peor que el narcotráfico.

Se manifiesta que la mayoría de las personas que ejercen la prostitución ha sido víctima en su infancia alguna forma de violación o incluso incesto, lo cual es un círculo vicioso en tanto que la prostitución deja consecuencias físicas y psíquicas que son duraderas y casi tan devastadoras como la tortura.

Se manifiesta que la ONU en el año 2017 ha comenzado a intentar la despenalización de la prostitución en la comunidad internacional, denominándola como un trabajo sexual a pesar de que las mujeres rescatadas de la prostitución confirman que en realidad se trata de una violación remunerada y no de un trabajo.

Se manifiesta que la mayoría de las víctimas que practican la prostitución desearía abandonarla, aunque no disponen de recursos para poder ser capaces de hacerlo, por lo que necesitan ayuda humanitaria y solidaridad por parte de toda la sociedad.

Se exige a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que adopte inmediatamente políticas rectas y adecuadas que no vulneren los derechos humanos, las libertades fundamentales y la dignidad intrínseca de las personas, por lo que debería iniciar urgentemente un enfoque de tolerancia cero que prevenga y proteja a las víctimas de la prostitución, juzgando a los clientes o delincuentes y simultáneamente orientando recursos económicas para ayudar a las prostitutas a poder liberarse de la condición de explotación y alienación que sufren.

En el día 23 de Agosto de 2018, en tanto forma de contribución a un mundo más pacífico, justo, culto y sano, se expresa el presente Manifiesto sobre la Prostitución.

Siempre con reconciliación (maitri),

Maestro Maitreya Samyaksambuddha

Presidente y Juez del Tribunal Budista de Derechos Humanos

 

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