Sentencia del Caso Supreme Court of the Russian Federation

 

Caso n° 30/2017: Supreme Court of the Russian Federation

 

SENTENCIA ÉTICA

Estimados Fiscal, Defensor Público, Embajador y Miembros del Jurado del Comité Internacional de Ética Budista (CIEB) y Tribunal Budista de Derechos Humanos (TBDH), respecto del Caso 30-2017 contra la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA”, por medio de la presente, en el día 6 de Septiembre de 2017, se deja constancia de que se ha concluido el juicio del Tribunal Budista para analizar la violación a la Ética Budista y los Derechos Humanos realizada por el acusado. Este Caso ha sido llevado a cabo a partir de las implicancias jurídicas que conlleva la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Budistas y Comunidades Espirituales.

Luego del análisis de la presentación del Caso y la validación de pruebas, se ha procedido con la votación de 3 miembros del Jurado, todos los cuales han sentenciado como Responsable a la “Corte Suprema de la Federación Rusa” por los graves delitos de VIOLACIÓN AL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS y VIOLACIÓN A LOS DERECHOS DE LAS COMUNIDADES ESPIRITUALES. Las acciones de la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” al perseguir y violar los derechos humanos individuales y colectivos de la Comunidad Espiritual llamada “Testigos de Jehová” han producido un enorme daño contra la dignidad y respeto que merece este grupo cristiano pacífico, pero también han producido un daño contra el Imperio de la Ley Internacional de los Derechos Humanos, el cual está siendo gravemente atacado dentro de la Federación Rusa. Estos actos demuestran que los miembros de la “Corte Suprema de la Federación Rusa” han violado el derecho humano a la libertad de expresión y creencia, contribuyendo a mantener el status quo de opresión que existe en Rusia. Aunque el hecho de prohibir a grupos supuestamente religiosos que cometen crímenes internacionales sería una acción correcta por parte de la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA”, tal y como ha sucedido con la prohibición de la Cienciología y el Aleph, en cambio, en el caso de los Testigos de Jehová simplemente se trataría de una prohibición ilegal y discriminadora que viola los Derechos Humanos, pues este grupo no representa ningún tipo de daño a la sociedad. Mientras que la Cienciología y el Aleph han sido acusados de crímenes contra la humanidad, lo cual ameritaría su prohibición y persecución en Rusia, por otra parte, los Testigos de Jehová simplemente han tenido creencias apocalípticas y no recomiendan las transfusiones de sangre, lo cual no constituye ningún tipo de razón válida para la prohibición de esta comunidad espiritual. Del mismo modo que se ha percibido con el “Caso Tribunal Supremo de Justicia Venezolano”, las instituciones jurídicas de regímenes populistas producen un continuo avasallamiento contra los derechos humanos y las libertades fundamentales, cuya defensa debería constituir el núcleo de todo comunismo verdadero. En este sentido, el Tribunal Budista de Derechos Humanos establece que la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” ha violado los derechos humanos individuales y colectivos que posee la Comunidad Espiritual de los Testigos de Jehová. Por lo tanto, el Tribunal Budista le ofrece a la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” una Sentencia Ética como modo de enseñanza jurídica sobre la Justicia Recta y Adecuada, lo cual debe ser incorporada dentro del Noble Sendero de la Espiritualidad Budista. Si la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” deja de violar los derechos humanos y comienza a ser inspirada por los valores socialistas que fundaron su nación, entonces esto asegurará un funcionamiento adecuado de su sistema de justicia. Para tal fin, la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” tiene mucho que aprender sobre las implicancias de un Socialismo Verdadero y una Nueva Política.

El Derecho Budista es una Cura (Nirvana) o antídoto ético al escepticismo de la civilización capitalista, siendo un modelo de rigurosidad analítica-existencial-libertaria al momento de considerar cómo los gobiernos han traicionado el proceso revolucionario.[1] Frente a un camino de progreso zigzagueante de la humanidad, lleno de avances, retrocesos y desvíos, Gautama y Trotsky han sido grandes incitadores para que los aprendices sigan avanzando hacia la meta o Propósito (Dharma). Aunque la humanidad suele injuriar, difamar y sacrificar a sus guías, los maestros espirituales nunca detienen su marcha hacia adelante, rindiendo un homenaje supremo al futuro evolutivo del ser humano, por lo que atesoran en su memoria la mejor sabiduría compasiva (prajña-karuna) como faro hacia el porvenir. Este es el motivo por el que los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) entregan su sangre al proyecto de un mundo mejor, sabiendo que con cada gota de su fuerza vital nutren la semilla del Despertar (Bodhi) de la sociedad. Aunque el Maitriyana no sea admirado por el ambiente intelectual oficial de la época contemporánea, sus exposiciones sobre teoría y práctica contemplativa se revelan como una fuente de inspiración para las nuevas generaciones de la izquierda profética y revolucionaria. Al denunciar polémicamente al estatismo, progresismo y populismo como falsos movimientos revolucionarios, el Derecho Budista abre un Camino hacia la verdadera Liberación de la humanidad. En efecto, Gautama y Trotsky supieron plasmar con sus palabras a la meditación libertaria como ejercicio de vitalidad supraindividual, exhortando al sujeto a no renunciar a la luz de la utopía en medio de las más oscuras tinieblas de la historia. Por ello, el Maitriyana resulta indeseable en la comodidad de la codicia, el atajo del odio y el pragmatismo del engaño. El Derecho Budista no es entonces una reflexión pasiva sobre lo inevitable, siendo una actitud contemplativa activa que orienta a los aprendices hacia el cumplimiento de sus más nobles potenciales. Justamente, a partir del aislamiento, Gautama y Trotsky generaron un instrumento único de conexión con el presente, ayudando al ser humano a participar en grandes acontecimientos y abriendo la posibilidad del futuro a partir de la acción revolucionaria, aunque tuvieron diferencias en cómo consideraron válido a dicho accionar. Gracias a la fuerza de su inquebrantable fe en la liberación de los oprimidos del mundo, los maestros espirituales desarrollan una lógica dialéctica paradojal, un pensamiento superior y una acción implacable. En efecto, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) reflexiona sobre el pasado, percibe el presente y conquista el futuro. Así, el Derecho Budista resalta como el principal movimiento que denuncia al comunismo dictatorial, cuyo ejemplo fue el de Stalin y Mao, por lo que se debe librar una colosal batalla ética para defender la revolución socialista de una forma pacífica, equitativa, culta y ecológica. En concordancia con Gautama y Trotsky, el Maitriyana se posiciona como un Camino complejo y apasionante de revolución permanente, lo cual es una estrategia política irrenunciable para todo sujeto revolucionario, debido a que la inclinación hacia el status quo es una incapacidad de preparación de las condiciones del Despertar (Bodhi). El Derecho Budista hace frente contra el poderío del comunismo dictatorial y burocrático, desafiando su autoridad ética y asumiendo la posición de referencia mundial indiscutible. De esta manera, dos mil seiscientos años de experiencia de la comuna espiritual (sangha) permiten al Maitriyana poder calificar a las dictaduras comunistas como una perversión y traición de la visión de Marx, pues generaron la existencia de una nueva aristocracia en lo más alto del Poder Estatal, la cual fue capaz de realizar genocidios y crímenes de lesa humanidad contra el pueblo al que dijo representar, como sucedió en la Unión Soviética durante los Procesos de Moscú de 1936 y 1937 cuando se asesinaron a 600 mil opositores políticos o críticos de Stalin bajo cargos de traición.[2] En este sentido, la articulación Gautama-Trotsky señala que en la posición antidemocrática y genocida del comunismo autoritario no hay ni una sola pizca de socialismo. Obviamente, la opresión sobre campesinos, el dominio de una clase social por sobre las demás, la barbarie de la cultura capitalista y el control estatal fascista no permiten a la humanidad lograr la Ascensión al estilo de vida comunal que permite la autorrealización de la vida. Esto se debe a que el desarrollo político, económico, cultural y medioambiental de la sociedad determina las posibilidades de realización y trascendencia. El maestro espiritual alienta al sujeto a enriquecerse no materialmente sino a través de una evolución pacífica, equitativa, culta y ecológica. Todos estos cuatro pilares sociales apuntan al núcleo estratégico de la revolución internacional del Derecho Budista, como proceso de Cura (Nirvana) de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación. Frente al poder ilimitado del Estado, que es realmente una organización pobre en ideas y rica en errores, el Maitriyana busca la democratización del mundo, evanesciendo la burocracia estatal al devolverle el Poder a la sociedad.

El Derecho Budista denuncia que el apego hacia el Estado burgués parece ser una actitud acrítica compartida por gobiernos de derecha y de izquierda, por lo que toda senda ética de desapego debe combatir pacíficamente al Estado como la expresión de relaciones sociales de sometimiento y alienación que conducen al conflicto y la miseria. El Maitriyana confirma que en realidad Karl Marx buscó el horizonte libertario del debilitamiento del Estado, en lugar del reforzamiento de sus estructuras burocráticas que sucede con la consolidación del comunismo dictatorial o autoritario. Por ello, el Derecho Budista confirma que la dictadura no es la vía correcta para pasar de la sociedad burguesa a la sociedad comunista, siendo la vía adecuada la abolición de la codicia, el odio y el engaño. La lección de la articulación Gautama-Trotsky, como pioneros e iniciadores de la revolución social, es que la defensa del estilo de sociedad comunista debe ser una transformación que libere a la sociedad de la burocracia y despotismo de la casta Estatal,[3] la cual es la verdadera forma de la contrarrevolución. En efecto, la casta gobernante o clase dominante se aísla de la sociedad en la medida en que ésta se superficializa y desentiende de la transformación política, reprimiendo el hecho de que el Despertar (Bodhi) del pueblo es la única vía revolucionaria de la Salvación mundial. La senda analítica-existencial-libertaria del Maitriyana, desarrollada durante dos mil seiscientos años, es nada menos que la Liberación del ser humano, lo cual indudablemente requiere la superación marxista-anarquista del Estado, de la propiedad privada y también de la religión, en tanto que estas instituciones son las más opresivas en la historia de la humanidad. El Derecho Budista evita caer en los extremos del nihilismo y la metafísica, ofreciendo un método revolucionario y una actitud metapolítica que aborda éticamente la vida cotidiana para señalar la vía hacia la transformación y evolución. En definitiva, las experiencias de vida de Gautama y Trotsky, plenas de éxitos y fracasos, no conducían al pesimismo, indignación, fatiga, furia o repulsión, pues fueron alimentadas por la llama de la pasión revolucionaria, cuya intensidad y brillo evidenciaba un carácter superior, un temperamento indestructible y una fe en el claro y brillante futuro de la humanidad. Esta confianza en la razón contemplativa, la Verdad y la solidaridad que habita en la naturaleza del ser humano es lo que acompaña la vida de los maestros espirituales, la cual siempre es íntegra frente al sufrimiento y el fracaso.

El Maitriyana es una vía integrativa que reúne con entusiasmo lo mejor del pasado y simultáneamente realiza la tarea crítica de la renovación cultural del mundo, introduciendo una novedad espiritual que remite paradójicamente a un saber arquetípico y perenne. Esta recreación es producto de la decepción profunda que genera la era capitalista y su cultura de la superficialidad. Existe indudablemente en el Derecho Budista una clara orientación hacia el futuro de la humanidad, no en forma de expectativa sino más bien en forma de evolución. El Maitriyana abarca los mejores saberes del pasado, no por cuestión de nostalgia, sino porque ese conocimiento cumbre (satori) es esencial para no caer en la superficialidad tecnológica del mundo contemporáneo, buscando la realización de la Edad Dorada de sabiduría compasiva (prajña-karuna) que han avizorado todos los maestros espirituales de la historia. Así, cuando el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) enseña a estar plenamente en el presente, en el aquí y ahora, en realidad no enseña a conformarse con el status quo sino más bien a percibir las cosas tal como son, sin las ilusiones de las creencias e ideologías. Así, en las sentencias que realiza el Derecho Budista se percibe su función y sus posibilidades como guía ética de la sociedad. Precisamente, el deber y la aspiración del Maitriyana es recrear el saber originario que resulta tanto pasado como futuro. Esto implica que el maestro espiritual es la encarnación de una singularidad cultural, produciendo una Espiritualidad simultáneamente antigua y nueva. La lógica dialéctica paradojal es clave para pensar y buscar esta Verdad trascendente, pues al prestar Atención Plena al presente el aprendiz puede comprender lo que sucede a su alrededor y transformarlo, siendo tanto herencia como cambio. Al mismo tiempo, el Derecho Budista constituye una identidad jurídica muy religada al concepto de lo nuevo, siendo la superación de la vieja justicia, aunque ciertamente esta contracultura está integrada al sistema jurídico tradicional de los Pueblos Budistas. En este sentido, se busca una nueva justicia desde un posicionamiento de regresión dialéctica que resurge a la tradición espiritual del pasado. Por ello, en el Maitriyana evolucionar es volver a las fuentes, realizando una ruptura que siempre es respetuosa con los precedentes. De este modo, el Derecho Budista es productor y crítico, buscando crear con esperanza el mejor de los mundos posibles, yendo siempre hacia adelante en búsqueda de lo originario y verdadero.  El Maitriyana es una nueva perspectiva o paradigma de política, defendiendo los derechos humanos frente a la corrupción, la violencia y la impunidad. Se trata de una Nueva Era Política porque plantea la posibilidad de construir un sistema de civilización espiritualmente orientada, tal y como lo hizo la Civilización Búdica del pasado, la cual se caracterizó por tres ámbitos en armonía: la relación de la comuna espiritual (sangha) con el Estado, la purificación ética de la sociedad y la asunción del pacifismo como estilo de vida. De acuerdo con la tradición del Derecho Budista, en lugar de edificar un Estado totalitario –sea capitalista o comunista- en cambio se debe buscar erigir el Imperio de la justicia social. Para esto es fundamental que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, especialmente cuando no hay división entre ellos, sean supervisados por la ecuanimidad, la independencia y la ética de la comuna espiritual (sangha). Así, el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) se posiciona en el mundo contemporáneo como máximo defensor de las libertades fundamentales y derechos humanos. Esta Espiritualidad socialmente comprometida no debe proveer bendición moral a los gobiernos ni sacralizar las figuras de los presidentes, sino que más bien debe controlar o supervisar éticamente las actividades y objetivos de los Estados. Por ello, los gobiernos deben ser criticados desde una posición democrática superior, denunciándose cada acto negativo que realicen. El Maitriyana es ciertamente una Justicia sabia y compasiva, aunque esto no implica hacer silencio o indiferencia ante los crímenes contra la humanidad y la paz. Esta voluntad ética purificadora que caracteriza al Derecho Budista lo asocia a movimientos revolucionarios que reformaron las sociedades del pasado. Incluso si en la actualidad el Maitriyana es una estructura minoritaria y no partidista, indudablemente es el germen del mundo del futuro, teniendo el coraje y la autoridad espiritual para señalar la vía hacia la Cura (Nirvana) del sufrimiento de la sociedad en el aquí y ahora. Éste es el gran espíritu democrático del Derecho Budista como defensor de la dignidad intrínseca de la vida, luchando contra la marginación y discriminación. De este modo, el Maitriyana denuncia al fascismo, totalitarismo y populismo como sistemas ideológicos, opresivos, manipuladores y antagonizadores que suelen dañar al pueblo con su codicia, odio y engaño. El bienestar y la prosperidad no son algo que los líderes traen, sino que realmente son un horizonte que la sociedad debe trabajar a diario. Los políticos honestos, al igual que los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), sólo generan las condiciones esenciales para que sea el propio sujeto el que logre el progreso de la mano del esfuerzo y las acciones correctas, las cuales son las verdaderas herramientas de la transformación. El Derecho Budista enseña una oportunidad, fomentando el desapego, la amistad y la Verdad como dinámica del Despertar (Bodhi) de la sociedad. Esto implica vivir con razón y equilibrio, eligiendo pacientemente siempre la mejor alternativa posible. Éste es el gran compromiso que asume todo aprendiz en su vida cotidiana. En este sentido, los maestros espirituales son agentes de cambio y transformación, enseñando a la ciudadanía a dar el trascendente paso por el sendero de una Nueva Era Política tras la comprensión de que el porvenir de la humanidad está en sus propias manos y no en las manos de los gobiernos. Sólo así se puede reordenar la política y la justicia, abandonando el énfasis en intereses egoístas para ir hacia la búsqueda del bien general.  La unidad y evolución de la humanidad, que es el Propósito (Dharma) del Maitriyana, no significa la inexistencia de conflictos, sino más bien la existencia de una tendencia superadora, recreando la lógica dialéctica paradojal que trasciende a todo dualismo y polos opuestos. La tarea del Derecho Budista es entonces recrearse como parte de los pueblos tribales autónomos con capacidad política, económica, cultural y medioambiental, pero también se trata de ser una guía en el mundo, mostrando consideración por los miembros de la comunidad internacional mientras se busca que todos los seres disfruten de mayores niveles de Libertad, Igualdad y Fraternidad, como concreción del genuino plan de vida del ser humano. Este estilo de la Nueva Era Política no es elitista sino profundamente democrático, considerando que la futura civilización de rectitud sólo puede acontecer con el esfuerzo de toda la humanidad. La alternativa del Maitriyana vislumbra una síntesis histórica entre el capitalismo de derechos humanos y el comunismo revolucionario, careciendo de barbarie y autoritarismo en su pura vocación de servicio a los demás. Esta responsabilidad social busca el mejor de los mundos posibles en el presente, aprendiendo a dejar de repetir los vicios y errores del pasado para poder liderar o guiar a la humanidad hacia el futuro. El Derecho Budista sintetiza las virtudes del ser humano para poder proclamar una Nueva Era Política de democracia directa y participación social libertaria en los campos político, económico, cultural y medioambiental. Se trata de que los pueblos recuperen democráticamente el poder que ha sido apropiado por los gobiernos y las corporaciones. Por lo tanto, esta contracultura metapolítica tiene capacidad para transformar el mundo, siendo una tendencia novedosa postmoderna. Al ser el máximo representante del ideal jurídico-político, el Maitriyana se diferencia de los movimientos que aceptan o contribuyen a la miseria y alienación de la sociedad.   Frente a la arrogancia y omnipotencia de los gobiernos, el Derecho Budista busca la unión y reconciliación de la humanidad para recobrar los valores éticos y la Espiritualidad que han sido perdidos. El Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) ha sido en la historia una contundente resignificación de prácticas sociales como la paz, la justicia, la educación y la ecología, criticando y supervisando a los gobiernos que avasallan contra las libertades fundamentales y los derechos humanos. Apelando al diálogo y la unidad para alcanzar el Propósito (Dharma) de la evolución de la consciencia, de las ideas y de la sociedad, el Maitriyana convoca a todas las naciones a aprender el arte de la Nueva Era Política, cuyo sistema de Poder está basado en la transformación y en la democracia directa. Este proyecto social es fundamental para combatir el belicismo, la corrupción, la prostitución, la indigencia y el narcotráfico, en tanto vicios sociales que deben ser purificados o reducidos. Así, la justicia del Derecho Budista no sólo es un Poder independiente de los Estados, sino que además es un sistema de supervisión ética de toda la comunidad internacional. Este gran objetivo o meta es la verdadera declaración de principios políticos del Maitriyana, manifestando el compromiso para construir una Civilización regida por la Ley, motivo por el que se aporta la necesaria guía espiritual para que los países puedan corregir sus errores sin necesidad de esperar soluciones mágicas. El resultado de este proceso es un beneficio para toda la humanidad, universalizando la protección social para crear un mundo sin guerras, pobreza, ignorancia y contaminación. Esta revolución del Derecho Budista es la promesa de la ética del crecimiento y la superación, abriendo una nueva esperanza para hacer frente a los males que padece el mundo, siempre con la fuerza de la Verdad.   Esta Nueva Era Política es claramente una trascendencia del capitalismo barbárico, del comunismo dictatorial y del populismo autoritario, que suelen requerir una concepción dualista basada en la división de la sociedad. En este sentido, el Maitriyana requiere una síntesis dialéctica, eligiendo el Camino de la Reconciliación. De este modo, el Derecho Budista está más allá tanto del nacionalismo como del colonialismo, siendo más bien un internacionalismo sano y adecuado que siempre escucha atentamente a los demás. Por ello, el diálogo político y jurídico es fundamental para el Maitriyana, asumiendo el desafío de construir un liderazgo ético revolucionario que enseña a la humanidad cómo convivir con sabiduría compasiva (prajña-karuna). El Derecho Budista es el amanecer de una Nueva Era Política basada en el nuevo estilo de la Justicia, la Verdad y la razón utópica. En definitiva, el arte del debate y el acuerdo significa conciliar puntos de vista y no disolver todos los posicionamientos en un consenso autoritario, religioso y populista. De este modo, Siddhartha Gautama y Abraham Lincoln concuerdan en que el gobierno únicamente debe ser de la humanidad, por la humanidad y para la humanidad. El Maitriyana denuncia entonces que la democracia directa –o el gobierno por la propia sociedad- es una necesidad imperiosa para el mundo contemporáneo. La comuna espiritual (sangha) de la Nación Budista internacional tiene dos mil seiscientos años de experiencia en consejos comunales tribales y asambleas republicanas democráticas, por lo que el Derecho Budista tiene un conocimiento cumbre (satori) que garantiza la independencia de la Justicia, incluso estableciendo límites a los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) para que no dispongan de poderes absolutistas. En definitiva, el Maitriyana está en el mundo para ofrecer una guía ética, lo cual implica que los ricos y poderosos rindan cuentas y sean responsables de sus actos, y así no reine la impunidad.

En conclusión, el Tribunal Budista de Derechos Humanos tiene el Propósito (Dharma) de crear un mundo recto y justo regido por la Ley Suprema, lo cual implica criticar a tribunales que fallen en desarrollar una Justicia Adecuada. Por lo tanto, se establece que la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” está violando a los derechos de las Comunidades Espirituales, especialmente quebrantando los derechos individuales y colectivos de los Testigos de Jehová. Indudablemente, las Cortes nacionales necesitan de una supervisión ética desapegada y que no responda a intereses hegemónicos, como es el Tribunal Budista de Derechos Humanos. Sin un Propósito ético las Cortes nacionales se convierten en meros aparatos estatales que sirven a los oscuros designios de los gobernantes, en lugar de contribuir al bienestar social. Únicamente practicando el Camino de la Justicia Adecuada, tal y como lo prescribe el Derecho Budista, las Cortes nacionales podrán funcionar eficazmente y respetarán los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, recordando en todo momento que la injusticia es un cáncer social. De esta manera, el Caso sobre la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” constituye una gran enseñanza para las cortes nacionales de todo el mundo, demostrando perfectamente que sin solidaridad, Verdad y respeto por los derechos humanos entonces las sociedades se pierden en la opresión.

Por otra parte, se deja constancia de que la Corte Europea de Derechos Humanos recientemente ha sentenciado contra la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” por haber prohibido al peligroso culto de la Cienciología. Sobre este asunto en particular, dado que se alegan crímenes de lesa humanidad por parte de la Cienciología, el Tribunal Budista de Derechos Humanos coincide con la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA”, solicitando que se incumpla dicho fallo de la Corte Europea. En consecuencia, se ordena a la Fiscalía del Tribunal Budista investigar tanto a la Cienciología como a la misma Corte Europea de Derechos Humanos.

Siguiendo el Camino del Maestro Gautama, quien sembró las bases de la Justicia Adecuada, el Tribunal Budista de Derechos Humanos supervisa que las cortes nacionales e internacionales sean rectas, justas y éticas, nunca traicionando los derechos humanos y las libertades fundamentales, por lo que se ha sentenciado a la “CORTE SUPREMA DE LA FEDERACIÓN RUSA” como Responsable de VIOLACIÓN AL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS y VIOLACIÓN A LOS DERECHOS DE LAS COMUNIDADES ESPIRITUALES.

Con espíritu de reconciliación (maitri),

Maestro Maitreya Samyaksambuddha

Presidente y Juez Espiritual del Comité Internacional de Ética Budista (CIEB) y Tribunal Budista de Derechos Humanos (TBDH)

 

 

 

[1] L. Trotsky, La revolución traicionada.

[2] Moshe Lewin, El siglo soviético.

[3] L. Trotsky, La revolución traicionada.

 

 

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