Diálogo con la International Criminal Court

 

Defensa Budista de la abolición de la Pena de Muerte

El Derecho Budista considera que la tortura y la pena de muerte son los castigos más terribles que implementan los Estados que violan los derechos humanos. Estas prácticas opresivas suelen estar respaldadas por visiones religiosas o actitudes nihilistas, como sucede con gobiernos como el de Irán. En efecto, tanto la metafísica como el materialismo tienen un enorme poder dentro de los sistemas judiciales. Por lo tanto, la lucha contra la pena de muerte es para el Maitriyana un proyecto internacional que va contra la corriente del mundo contemporáneo, el cual confunde la justicia con la venganza. En tanto que la misión de Gautama fue que toda la humanidad logre la Cura (Nirvana) del sufrimiento, el Camino del Derecho Budista (Buddha-Dhammapada) asume que la pena de muerte es la negación máxima de la dignidad intrínseca o naturaleza dhármica (buddhata) del ser humano. El vehículo del Maitriyana ayuda a la sociedad a abandonar la codicia, el odio y el engaño, enseñándole una vida cotidiana basada en la humildad, la solidaridad y la Verdad. Esto significa que el Derecho Budista combate al dogmatismo y fundamentalismo como males sociales que envenenan la mente del sujeto, buscando su evanescencia por medio de la contemplación (dhyana), la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y la ética (sila). En este sentido, aunque el código legal (vinaya) de la comuna espiritual (sangha) es amplio, ciertamente tiene cinco preceptos éticos esenciales que implican la abstención de asesinar, robar, violar, mentir y drogarse. De este modo, un modelo de Civilización Búdica promueve totalmente la abolición de la pena de muerte, preservando la vida con amor espiritual, simultáneamente recurriendo a la rehabilitación del criminal –en la medida de lo posible- o a su expulsión y exilio, lo cual fue utilizado como castigo por algunas antiguas culturas de Asia.[1] Así, el Maitriyana enseña una vía de justicia sin odio, crueldad y venganza, buscando la bondad y la Liberación para todos los seres. Al mismo tiempo, el precepto ético de no asesinar involucra tanto a seres humanos como a animales, insectos y árboles, demostrando que el Derecho Budista es un movimiento jurídico pionero en derechos humanos y derechos medioambientales. Sin embargo, cuando los Estados no han seguido estos preceptos éticos entonces las comunas (sanghas) de aprendices y maestros espirituales se han establecido como comunidades separadas, autónomas y regidas por su propia ley espiritual.[2] En efecto, la tradición jurídica del Maitriyana, con su influencia política, económica, cultural y medioambiental, es una costumbre milenaria que ha sido abandonada por los países de la civilización del sudeste asiático, motivo por el que éstos mantienen el castigo de la pena de muerte aunque sea algo contrario a los principios de no-violencia (ahimsa) y sabiduría compasiva (prajña-karuna) de la Espiritualidad Budista (Buddha-Sasana).[3]

En contraposición a movimientos internacionales de derechos humanos como el Derecho Budista, la civilización capitalista se encuentra a favor de la pena de muerte, llegando incluso a utilizar esta condena contra retrasados mentales,[4] y también contra menores de edad.[5] Este tipo de sucesos van contra la evolución natural de la Ley Internacional,[6] progreso que claramente es encarnado por el Maitriyana, pues incluso la civilización capitalista ha mostrado que suele utilizar la pena capital contra minorías raciales y clases sociales marginadas.[7] Esta actitud por parte del materialismo que viola los derechos humanos, paradójicamente también es compartida por muchos cristianos, los cuales ignoran no sólo la sabiduría compasiva (prajña-karuna) del Maestro Jesús sino también el hecho de que él mismo fue ejecutado con la pena de muerte.[8] Por su parte, el Camino del Derecho Budista (Buddha-Dhammapada) tiene un posicionamiento de fuerte condena espiritual contra la pena de muerte, lo cual es evidente en sus cinco preceptos éticos.[9] De hecho, el mismo Maestro Nagarjuna recomendó al Rey Udayi que genere actitudes de sabiduría compasiva (prajña-karuna) hacia los prisioneros asesinos, expulsándolos o exiliándolos en lugar de torturarlos y asesinarlos.[10] Pero obviamente, el Maitriyana recuerda que también existe la posibilidad de rehabilitación social para aquellos que han asesinado, tal y como Gautama mostró con Angulimala,[11] enseñando que este mecanismo es posible en el marco de comunidades (sanghas) orientadas hacia el aprendizaje y la evanescencia de los errores, intentando remendar su daño al contribuir a la sociedad. Así, en el sistema de Civilización Búdica de la Antigua India la pena de muerte estuvo abolida,[12] lo que ha sido evidenciado por mendicantes (bhikkhus) peregrinos de China, como Fa-Hieh y Hye Ch´o.[13] El Derecho Budista favorece que todos los seres humanos alcancen el Despertar (Bodhi), desarrollando su bondad intrínseca latente, motivo por el que su búsqueda de la rehabilitación espiritual y Cura (Nirvana) es estructuralmente contraria a la pena de muerte.

El Maitriyana denuncia que los Estados de la comunidad internacional que son más reacios a abolir la pena de muerte son aquellos en los que persiste la discriminación y el racismo violento.[14] Mientras que las prisiones alejan a los convictos de la comunidad humana, en cambio, la pena de muerte los separa de la comunidad de la vida. Por su parte, la tradición del Derecho Budista ofrece una práctica y teoría que permite la evolución del pensamiento, de la palabra y de la acción, religando al sujeto al campo holístico de la Interexistencia. La meditación libertaria produce una transformación en la actitud psíquica y social del aprendiz, permitiéndole evanescer cualquier vestigio de abuso, violencia o mentira que exista en su vida. Por ello, en el Maitriyana todo tipo de criminales tienen la posibilidad de redimirse si siguen los medios adecuados de vida, considerándose a la pena de muerte como un acto barbárico por parte del Estado,[15] ya que elimina esa posibilidad de aprendizaje y redención. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) viven en un estado de Apertura (Sunyata) ontológica al sufrimiento de los demás, y esto obviamente incluye el sufrimiento de los criminales sentenciados a la pena capital.[16] Además, el maestro espiritual es alguien que ha comprendido que se encuentra en completa conexión tanto con los demás seres humanos como con todo el sistema de la vida del que forma parte.[17] En este sentido, la realización de la Apertura (Sunyata) de la mente implica el reconocimiento del Fundamento Dinámico Vacío del Verdadero Ser, no aferrándose a ninguna posición personal del Ego, lo cual es una respuesta sabia y compasiva a las necesidades de los demás.[18] Al estar vacío de las ilusiones del egoísmo, dualismo y consumismo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) dedica su vida a la misión de despertar tanto a las víctimas como a los agresores, estando totalmente abierto y sin agresividad hacia los otros.[19] Esta sabiduría compasiva (prajña-karuna) del desapego es la clave y atmósfera básica del Camino de la Cura (Nirvana).[20] La solidaridad del Derecho Budista se diferencia precisamente del derecho penal estatal y los medios de comunicación, los cuales suelen considerar a los agresores o asesinos como inhumanos.[21] Por otra parte, el Maitriyana afirma que es un mito la excusa de que la pena de muerte ofrece un sentido de cierre a las víctimas,[22] en tanto que el odio y la venganza son venenos para la mente, propagándose como un cáncer que infecta toda la cosmovisión del sujeto. En definitiva, la pena de muerte reduce al asesino a un mero objeto,[23] violando la santidad de la vida. Los Estados del mundo contemporáneo tienen el deber de ofrecer alternativas a este tipo de castigo, incluso permitiendo la rehabilitación y redención de los criminales, pues el perdón y la reconciliación (maitri) son el verdadero cierre para el sufrimiento y la insatisfacción (dukkha) de las víctimas. El respeto por la dignidad intrínseca de todos los seres vivos, junto con la orientación de la sociedad hacia el aprendizaje, conforman la base de la civilización del futuro.

 

 

[1] B. E. McKnight, The quality of mercy: amnesties and traditional Chinese justice.

[2] L. T. Lee & W. W. Lai, Chinese conceptions of Law: Confucian, Legalist and Buddhist.

[3] D. P. Horigan, Of Compassion and Capital Punishment: A Buddhist Perspective on the Death Penalty.

[4] E. F. Reed, The penry penalty: capital punishment and offenders with mental retardation.

[5] S. D. Strater, The juvenile death penalty: in the best interests of the child?

[6] W. A. Schabas, The abolition of the death penalty in the International Law.

[7] A. Aguirre & D. V. Baker, Race, Racism and the Death Penalty in the United States.

[8] D. P. Horigan, Of Compassion and Capital Punishment: A Buddhist Perspective on the Death Penalty.

[9] Nandasenda Ratnapala, Crime and Punishment in the Buddhist tradition.

[10] Maestro Nagarjuna, Rajaparikatha-ratnamala (The precious garland of advice for the king).

[11] Angulimala-sutta.

[12] J. Legge, A record of Buddhist Kingdoms: Being an account by the chinese monk Fa-Hieh of his travels in India and Ceylon (A.D. 399-419).

[13] Hye Ch´o, The Hye Ch´o diary: memoir of the pilgrimage to the five regions of India.

[14] D. Garland, Peculiar institution: America´s Death Penalty in an Age of Abolition.

[15] M. Hamer, America´s Death Penalty is barbaric.

[16] M. Davidson, Compassion and the Death penalty.

[17] D.T. Suzuki, Passivity in the Buddhist life.

[18] R. A. Ray, Indestructible Truth: the living Spirituality of Tibetan Buddhism.

[19] C. Trungpa, The myth of freedom and the way of meditation.

[20] C. Trungpa, Cutting through spiritual materialism.

[21] C. Haney, Death by design: capital punishment as a social psychological system.

[22] R. Greber & J. Johnson, The top ten Death penalty myths: the politics of crime control.

[23] M. Davidson, Compassion and the Death penalty.

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